Meditación ante la imagen de Nuestro Padre Jesús Humilde en la Coronación de Espinas (En el 40 aniversario de su bendición)

Mi querida Hermandad, queridos hermanos y amigos:
En este momento, tengo dos sentimientos en mi corazón.
El primero, un profundo sentimiento de emoción por encontrarme, de nuevo, ante esta imagen, que tanto nos impacta: su rostro, su mirada y su corona de espinas.
El segundo sentimiento es un sentimiento de gratitud hacia la Hermandad, por participar en los actos del 40 aniversario de la bendición de esta imagen.
En uno de los más preciosos poemas que se han escrito sobre la pasión de Cristo, el poeta afirma en un verso: “Todos en Él pusimos nuestras manos”. Todos en Él hemos ido trenzando su Corona de espinas.
Me gustaría que esta tarde, en este rato de silencio y de contemplación, nos hiciéramos esta pregunta: “¿Y cuáles son esas espinas?” “¿Cuáles son los nombres de esas espinas?”
1. La espina del “olvido de Dios”. Lo que en frase más moderna se denomina como “apostasía silenciosa”. No es que neguemos a Dios, es que le vamos “eliminando” sutilmente de nuestras vidas. Dios ya no cuenta para nosotros.
2. La espina del “desamor, del daño y de las heridas” a nuestro prójimo. Me gusta recordar siempre aquella famosa frase de Albert Camus: “En la vida, hay una forma segura de equivocarse, y es haciendo daño a los demás”.
3. La espina de las “manos vacías”, de “la ausencia de frutos”. (Como aquel impresionante fotograma de la película Balarrasa, cuando la hermana del seminarista, (que protagoniza Fernando Fernán Gómez), ha sufrido un grave accidente de tráfico, y le muestra a su
hermano sus manos con estas terribles palabras: Están vacías”).
4. La espina de los “juicios temerarios y de las críticas destructivas”. ¡Cuanto daño puede hacer una calumnia o una maledicencia! . iY cómo, sin damos cuenta, podemos destruir vidas y
familias!
5. La espina de la “incoherencia de los cristianos” que nos quita por completo la credibilidad. “Obras son amores y no buenas razones”. Esa falta de sintonía entre lo que “pensamos, decimos y hacemos”.
6. La espina de la “falta de apostolado”. “Si aquellos que en la guerra civil española supieron ser mártires, antes hubieran sido apóstoles, no hubiera ocurrido la gran tragedia” (Cambó). El mundo de hoy necesita “apóstoles” que anuncien la Buena Noticia de la salvación de Dios a
la humanidad con sus palabras y con sus obras.
7. La espina de “la traición”, de nuestras “pequeñas o grandes traiciones” : a Cristo, (como le traiciono Judas), a nuestros hermanos, a nosotros mismos. A veces, “nos vendemos por unas monedas” o por un silencio o por unas palabras halagadoras, pero falsas.

Fórmula para “ser felices”
Permitidme una anécdota: Una religiosa que impartía clases de religión a niños de 5 años, invitó a un monje amigo, de la abadía de Santo Domingo de Silos, a participar en la clase. El monje les expuso a los niños, de forma muy sencilla, en qué consistía su vida, y al terminar, se ofreció para responder a alguna cuestión. Uno de los pequeños se levantó y con cierta
solemnidad, le preguntó: “¿Eres feliz?”.
Todos, esta tarde, en esta Meditación ante esta imagen tan querida y venerada por nuestra Hermandad, podemos preguntamos también, cada uno de nosotros: “¿Soy feliz?”. Me gustaría brindaros “dos fórmulas muy sencillas de felicidad”.
La primera es una fórmula muy sencilla:
-Algo que hacer.
-Algo que esperar.
-Alguien a quien amar.
-¿Qué hacer? La voluntad de Dios, el proyecto que Dios nos ha colocado en la mente y en el corazón.
-¿Qué esperar? “Lo mejor está por llegar?”. Y es cierto. Cada persona “espera” algo mejor para su vida. Pero esa “espera” no podemos plantearla con los brazos cruzados. La “espera” para que dé frutos, hemos de convertirla en “esperanza”.
-¿A quien amar? A Dios y al prójimo como a nosotros mismos.
La segunda fórmula es la que nos ofrece el Evangelio:
Primera, “que el argumento central de nuestra vida sea el amor”.
Segunda, “que tengamos respuestas para las grandes preguntas e interrogantes de nuestra vida”.
Tercera, “que pasemos haciendo el bien”, como Jesús de Nazaret.

ANTONIO GIL. Sacerdote y periodista.
Córdoba-18-Febrero-2018