Queridos hermanos y hermanas en Cristo:
Me dirijo a vosotros con el corazón lleno de gratitud y alegría. El pasado martes 25 de noviembre, los hermanos de la Merced tuvimos la oportunidad de elegir a quien será nuestra hermana mayor durante los próximos cuatro años. A falta de aprobación por la autoridad eclesiástica, nuestra hermana Ana Gema Torrico tendrá el honor de guiar a nuestra hermandad. Alegría inmensa al saber de su seriedad, su compromiso y su hospitalidad con los demás.
Al concluir mi etapa como Hermano Mayor, sólo puedo dar las gracias por la confianza, el cariño y la ayuda que he recibido de cada uno de vosotros.
Haber servido, una vez más, como hermano mayor ha sido un honor inmenso, una experiencia imposible de olvidar y que llevaré siempre en el alma.
Gracias por vuestro compromiso, vuestra entrega silenciosa, por cada gesto de apoyo en los momentos difíciles, por esos cruces de miradas que sin hablar sabemos lo que nos decimos, pero sobre todo por cada alegría compartida.
Todo esto ha sido posible, porque a pesar de las dificultades del día a día, de nuestros trabajos, nuestras enfermedades, caminamos juntos, unidos en la fe, la responsabilidad de nuestras tradiciones, pero siempre lo primero el amor a nuestros Sagrados Titulares, el Señor imponente de la Coronación de Espinas, la guapa y dulcísima Santa María de la Merced, pero sobre todo el Dios verdadero y siempre presente en el Sagrario.
Me despido del cargo, pero ni mucho menos de vosotros. Seguiré como hasta ahora, dispuesto a ayudar y acompañar en lo que sea necesario.
No creo que sea momento de balances ni de mirar atrás. La hermandad que es lo importante, sigue viva y fuerte. Ahora lo importante es mirar hacia adelante, con ilusión, esperanzados en estos próximos años tan bonitos que vamos a vivir, siempre unidos y firmes en lo que nos identifica: la fe, el servicio a los demás y la hermandad.
Cada uno de vosotros sois parte esencial de ese futuro que entre todos vamos a ir construyendo.
También, por supuesto, quiero pediros disculpas por los errores cometidos, que seguro han sido muchos. Gobernar es tomar decisiones, y seguramente que en más de una ocasión estas han sido erróneas, o que no han estado a la altura de lo que merecéis. Os ruego me perdonéis por aquello que no supe hacer mejor.
Me despido con la alegría y la deuda, de haber recibido más de lo que haya podido dar.
Os pido vuestro total apoyo a la nueva hermana mayor y su junta de gobierno.
Que el Señor y nuestra bendita Madre nos sigan guiando y fortaleciendo para continuar creciendo en fraternidad y servicio a los demás.
Con afecto y agradecimiento y como decimos por nuestra casa,
¡Hasta el final Contigo / con vosotros!
